martes, 7 de febrero de 2012

Participación de las clases populares en el proceso de independencia de Chile (1810 – 1818)














INTRODUCCIÓN

En la actualidad se cumple el bicentenario de las independencias hispanoamericanas, que tiene su inicio con la formación de la junta de gobierno de Buenos Aires en mayo de 1810 y que concluye con la expulsión de los españoles del fortín de Callao en 1826. Es una fecha para reflexionar sobre el desenvolvimiento de las repúblicas a lo largo de casi dos siglos de existencia y desarrollar un balance sobre nuestros procesos históricos, por ello, hay la necesidad de estudiar e interpretar la independencia y preguntarnos ¿Los objetivos trazados en los discursos de los criollos separatistas, como la libertad y la igualdad de los pueblos, se han cumplido en las repúblicas? Es una gran pregunta que nos debe ayudar a iniciar un estudio crítico sobre la independencia, partiendo de criterios que nos ayude a comprender a cabalidad las realidades económicas, sociales políticas y culturales; y como estas se relacionan.

Dentro de la dinámica económica – ideológica (con la cual podemos tener una comprensión objetiva de la realidad histórica) también debemos de contar con elemento fundamental: las clases sociales. Sabemos muy bien que las clases se dividen en función al criterio económico, donde una o unas clases asumen la dirección de la sociedad gracias a su poder material y que las otras, las que carecen del control de los medios de producción, deben de asumir el papel de productores directos y ser la base de la sociedad, la cual va a beneficiar a los sectores privilegiados. El esquema se rompe cuando los grupos dominados asumen una conciencia sobre su papel histórico, demostrándose en la lucha contra el orden establecido y las clases privilegiadas, desenvolviéndose la lucha de clases (Lazo 2005: 10-15). Justamente este enfrentamiento y las diversas contradicciones que están inermes a este proceso van a ser nuestro tema de estudio en el presente trabajo, especificando el caso de Chile y como sus clases populares participaron dentro del proceso de independencia.

¿Por qué estudiar el caso de Chile? Los acontecimientos de Chile vienen a ser un punto de quiebre dentro del proceso de independencia, pues ante las derrotas de los patriotas porteños en el Alto Perú (Huaqui y Vilcapuquio) se va diseñar una nueva estrategia: cruzar los andes y proclamar la independencia de Chile, para así controlar el mar y poder atacar por el lado más vulnerable al virreinato del Perú, por el océano Pacífico. La independencia de las repúblicas latinoamericanas va a dar un gran salto con la victoria de los patriotas en Chile, y decidió una nueva confianza en la ofensiva final contra el Perú. Pero ¿Cómo se logro la independencia en Chile? Como al igual que todos los procesos separatistas, se logró gracias a la participación popular ya sea en los centros de producción (elaborando materiales para la guerra y los soldados) e integrando los ejércitos patriotas y conformando las guerrillas contra el Estado colonial español. Si uno se pone analizar, ningún proceso político sería posible sin la participación del pueblo, pues, nos afirmamos en esta idea, que los pueblos son la fuerza motriz dentro de los procesos históricos.

En primer lugar vamos analizar las estructuras de la sociedad chilena en el siglo XVIII, como la base para comprender los posteriores procesos políticos, destacando la descripción de la producción y la estratificación de los grupos sociales. En un siguiente punto vamos a desarrollar un recuento general sobre los sucesos políticos que hicieron posibles la independencia de Chile, pasando desde la fundación de la Patria Vieja (1810) la restauración española en Rancagua (1814) y la victoria definitiva de los patriotas en Chacabuco y Maipú (1818). Después pasaremos a analizar la situación de las clases sociales a inicios del siglo XIX, tanto las jerarquías económicas como los grupos étnicos más importantes. Y por último tocaremos el papel del pueblo dentro de la acción militar directa contra el dominio hispano y vamos a desarrollar un capítulo especial sobre el pueblo mapuche, explicando su participación dentro del proceso de independencia.










CAPÍTULO I:
CHILE EN EL SIGLO XVIII: ECONOMÍA Y SOCIEDAD

En el siglo XVII, Chile era una de las tantas dependencias del virreinato del Perú, pero que va adquiriendo autonomía a través de la actividad comercial, principalmente desde el puerto de Valparaíso. El siglo XVIII van a representar grandes cambios en la región por las reformas borbónicas implementadas por Carlos III, donde Chile consolida su poderío económico y consolida su autonomía con la creación de la capitanía general (finales del siglo XVIII), además vamos a presenciar grandes avances en la agricultura, a través de la expansión del latifundismo, destacando la producción de trigo, el cual va a ser exportado al Perú (Villalobos, 1969: 12 - 35). En cuanto al comercio Valparaíso va adquiriendo una importancia fundamental, haciendo fuerte competencia con el puerto del Callao; además su oligarquía se va consolidando, algo que se muestra con la creación de su propio consulado (Lynch, 2008: 130). Ello posibilito los contactos que va a tener Valparaíso con los comerciantes ingleses de la época, convirtiendo a Chile en una zona estratégica dentro del circuito comercial (principalmente de textiles) generado por Inglaterra gracias a su desarrollo económico gracias a la revolución industrial (Hobsbawm, 1975: 40)

Con respecto al ámbito de la sociedad chilena, es muy parecida a las demás sociedades coloniales del siglo XVIII. Los principales cargos públicos era ocupado por peninsulares y el poder económico era compartido entre españoles y criollos, destacando en las actividades de comercio, agricultura, y en menor medida la minería (formándose el Real tribunal de la minería en 1802). Pero debemos recordar que van a existir contradicciones entre la oligarquía comercial de Valparaíso y la aristocracia terrateniente de Santiago (Lynch, 2008: 131).

El análisis de las clases sociales pobres en Chile las vamos analizar en un capítulo específico llamado “Situación de las clases populares”, pero veamos algunos aspectos sobre la composición étnica de la población chilena a finales del siglo XVIII. Casi el 50% de la población estaba conformada por mestizos que equivalía a 800 000 individuos, mientras que los españoles (tanto peninsulares como criollos) representaban una minoría con solo 20 000 miembros, al igual que los negros, zambos y mulatos, de los cuales solo 5 000 eran esclavos (Lynch, 2008: 129). Los indígenas, sector social que vivía al margen del control de Estado español al sur del río Biobío, tenían un número aproximado de 100 000 miembros, siendo los principales los mapuches, que representan un problema militar serio para el Estado español (Vitale, 1989: 95). La autonomía lograda por el pueblo mapuche hizo que este se vaya expandiendo hacia el este, al territorio del virreinato del Río de la Plata en el siglo XVIII (Zavala 2008: 56 – 61), representando un periodo de recuperación pero con constantes enfrentamientos con los españoles.

Con respecto a la política colonial, debemos de tener en cuenta los cambios políticos suscitados en el siglo XVIII, principalmente promovidos por Carlos III. El hecho más fundamental en Chile fue la obtención de la autonomía con la creación de la capitanía general de Chile, y ello corresponde a dos necesidades fundamentales del Estado español: a) ejercer una mayor presión sobre las poblaciones indígenas rebeldes, b) mantener la soberanía del territorio ante una posible invasión extranjera, principalmente de los ingleses. También tenemos la aparición de los parlamentos, instituciones donde las autoridades españolas e indígenas dentro de territorios mapuches y van a dar disposiciones sobre la administración de los territorios (Zavala, 2008: 159). Pero todas estas reformas no acabaron con los principales males que afectaban seriamente al Estado español, como lo era la corrupción generalizada, que fue denunciada magistralmente por Jorge Juan y Antonio Ulloa en sus Noticias secretas de América.

La situación de explotación de las mayorías y los descontentos de los criollos hacia el Estado español (recordemos que su poder político fue recortado) van a ser una de las detonantes para los movimientos de Independencia, donde una constante viene a ser la vacilación de los sectores criollos con respecto al rompimiento con España.















CAPÍTULO II
PANORAMA POLÍTICO EN EL CONTEXTO DE INDEPENDENCIA

A continuación vamos a dar un panorama general sobre los diversos acontecimientos (políticos y militares) de la independencia de Chile. Vamos abarcar un periodo que abarca desde 1810, cuando se proclama la junta de gobierno, hasta 1818, donde Chile consigue la independencia política y rompe sus lazos con España.

Los orígenes de los procesos de independencia se ubican en la crisis de la monarquía española a causa de la invasión napoleónica en 1808. Se van a proclamar juntas de gobierno en el territorio español para reemplazar la figura del rey, y van a dirigir la resistencia contra el invasor francés. Los dirigentes de las juntas de gobierno tenían una orientación claramente liberal, y ello se demuestra con la constitución de 1812. Pero ¿Qué sucedía en América hispana? Un sector de los criollos, disgustados por la política centralizadora de la metrópoli, inicia la formación de juntas de gobierno con una supuesta fidelidad hacia el rey, pero con un objetivo netamente separatista. En Santiago, los criollos proclaman en 1810 una junta de gobierno y desconocen el poder español en el territorio.

Al ser derrocado el poder español empezaron aflorar las contradicciones entre las familias criollas pudientes asumiendo posiciones conservadoras, moderadas e independentistas. Aprovechando estas circunstancias, José Miguel Carrera, cual dio un golpe de estado en noviembre de 1811. Ello, en vez de generar una cohesión dentro de la clase dirigente chilena, la dividió más mayor énfasis teniendo a la vez dos gobiernos independientes: el de Santiago (dirigido por Carrera) y el de Concepción (miembros del congreso derrocado por Carrera). La situación es aprovechada por el virrey Abascal para restaurar el poder hispano en Chile, enviando primero a Antonio Pareja, que derrotó a Carrera, Gabino Gaínza, que fracasó en sus intentos de restablecer el poder español, y Mariano Osorio, que finalmente derrota al separatismo chileno en la batalla de Rancagua (1 de octubre de 1814). Este primer periodo independiente en Chile es conocido por la historia de ese país como la Patria Vieja (1810 – 1814). Una de las causas principales, según el historiador Pierre Vilar, de la derrota de los separatistas fue la falta de cohesión “entre el poder y la masa” y las contradicciones, hasta antagónicas, de los sectores criollos (Vilar, 1981: 205).

Las autoridades españolas emprendieron una dura represión contra los participantes del movimiento, al igual iniciaron desarrollaron venganza contra la población civil. Todo esto va generar un descontento generalizado dentro de Chile, tanto de los criollos ricos como los sectores populares. La restauración española, en vez de calmar los ánimos políticos, va a generar las condiciones para el repunte de los movimientos separatistas, y esta vez con un fuerte apoyo popular, algo que faltaba en la experiencia de 1810. John Lynch describe esta situación de la siguiente manera: “La degradante experiencia de 1814 – 1817 enajenó a la inmensa mayoría de los chilenos del dominio español  y elevó al máximo el deseo de independencia” (Lynch, 2008: 136).

Como ya muchos de nosotros sabemos, los patriotas argentinos, ante sus derrotas en el Alto Perú, van a iniciar una ofensiva contra el virreinato del Perú a través del mar, a travesando Chile e independizarlo. La estrategia fue planteada por José de San Martín, argumentando “la lejanía de España y que esa metrópoli no tenía una flota respetable, pues había sido aniquilada por los ingleses en 1805” (Roel, 1980: 156), afectando la capacidad de movilización de tropas, algo que también afirma Tulio Halperin: “solo Trafalgar; en 1805, da el golpe de gracia a las comunicaciones atlánticas de España” (Halperin, 1969: 78). Para ello se va a tener la colaboración de los separatistas chilenos que se encontraban en Argentina, uno de ellos fue Bernardo O´Higgins; que junto a San Martín pasaron el paso de Uspallata y lograron entrar a territorio chileno. El primer encuentro se realizó en Chacabuco, donde los patriotas obtienen una victoria formidable sobre el ejército realista, pero este último se recupera y acecha a los separatistas en Cancha Rayada, derrotando a los soldados chilenos y argentinos. La batalla definitiva iba a ser Maipú (5 de abril de 1817) donde los patriotas logran aniquilar a los realistas y sellando definitivamente la independencia de Chile. El 18 de septiembre de 1818 se haría formal la independencia bajo el liderazgo de Bernardo O´Higgins.

Después de hacer este recuento sobre los principales acontecimientos históricos sobre la independencia de Chile, debemos de hacernos ciertas preguntas fundamentales ¿Cómo fue posible la independencia solo con la actividad de un grupo reducido de criollos? ¿Las diversas batallas y encuentros militares fueron demostraciones de los estrategas militares solamente? ¿Dónde está el susodicho pueblo que tanto se menciona en los discursos separatistas? La historia oficial (tanto la chilena como la latinoamericana) se encargaron de minimizar el papel de la participación popular, siempre resaltando las figuras de los líderes políticos y militares. En el siguiente capítulo vamos a hablar de ese pueblo que ha sido tan olvidado y que fue, en realidad, el verdadero y principal protagonista de la independencia.


CAPÍTULO III
SITUACIÓN DE LAS CLASES POPULARES

Ya en el capítulo I hemos visto de forma panorámica la estructura de los grupos sociales en Chile del siglo XVIII, pero ahora vamos a especificar algunos aspectos fundamentales de las clases bajas, teniendo en cuenta, como ya mencionó, que van a ser el sostén de la sociedad y base de la producción económica. El historiador francés Pierre Vilar concluyo, que la sociedad colonial tardía, la principal contradicción social se desenvolvía “entre la propiedad y el trabajo”, es decir, entre los criollos ricos propietarios de los medios económicos, y los indios y mestizos, dedicados al trabajo productivo directo (Vilar, 1981: 197). 
            A inicios del siglo XIX podemos distinguir los principales sectores dentro de los sectores bajos como lo eran los plebeyos (en su mayoría por mestizos) donde tenemos a los pequeños comerciantes, profesionales y artesanos, que dentro de la teoría del Estado colonial van a ser considerados como “personas libres”, pero en la realidad conformaban una masa sometida a través de los tributos y movilización ideológica envolvente. A diferencia de otras regiones de América Latina, la clase plebeya fue numerosa, ello fue gracias a la diversidad económica lograda a finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Hay otro sector social muy importante dentro de la sociedad chilena: Los campesinos. Era conformado por mestizos e indios y estaban sometidos a la explotación directa del campo por medio del  trabajo servil y a los prejuicios de la sociedad colonial, estableciéndose relaciones sociales de carácter feudal, de dependencia personal, más aun, tomando en cuenta que el latifundio chileno se va a expandir a lo largo del siglo XVIII (Lynch, 2008: 130). Para los historiadores peruanos Javier Tord y Carlos Lazo, “una relación de tipo personal que se resumía en la fórmula protección – fidelidad – servicio, motivó y caracterizó a todas las modalidades de vinculación, para entronizar el señorío en los vencedores y la servidumbre en los vencidos” (Tord y Lazo, 1980, t. V: 94).
            Un sector que debemos de tomar en cuenta, fueron los indígenas, pues en Chile, los pobladores mapuches no fueron sometidos por los españoles, ello se mostró con la obtención de la autonomía del territorio mapuche a través de tratado de Quillín en 1641 al sur del río Biobío. Sólo estaban obligados a pagar tributos directos al Estado español, y en el siglo XVIII empezó su expansión hacía el virreinato del Río de la Plata. Su situación económica se basaba en una autarquía ejerciendo actividades como agricultura ganadería y producción manufacturera a pequeña escala para el consumo local, además existía un comercio limitado con los colonos españoles (Zavala, 2008: 95).  

CAPÍTULO IV
DE LA NEUTRALIDAD A LA ACCIÓN DIRECTA

En el proceso de la independencia de Chile, las clases populares tuvieron un papel fundamental y determinante. Pero la interrogante principal de este capítulo es ¿Cómo las clases populares participaron en el proceso separatista? Luis Vitale, historiador chileno, distingue dos momentos de la participación popular en Chile: a) de relativa neutralidad (1810 – 1814); b) de participación directa (1816 – 1818), donde gracias a la acción militar directa de los pobres (plebeyos, rotos e indios mapuches) se concluyo el proceso emancipador (Vitale, 1989: 79). La participación popular se debe  la situación de clases populares que ya hemos expuesto en capítulo anterior, la cual viene a ser complementada por Pierre Vilar en las siguientes líneas: “Es cierto que el sentimiento anti-metropolitano, anti-colonial en las capas populares está ligado a la conciencia de la explotación económica y la posición social subordinada” (Vilar, 1981: 209).

Con la formación de la junta de gobierno de Santiago en 1810, los criollos chilenos se desenvolvían en divisiones políticas en torno al poder. El único que hizo un llamamiento a la participación popular para defender el movimiento de independencia. El pueblo, desconfiado de los grupos criollos, demostró cierta neutralidad ante los acontecimientos políticos, pues identificaban lucha entre españoles y criollos como un conflicto de explotadores, además las masas veían poca cohesión de los sectores criollos en torno al proyecto independiente. Es por ello que esta primera etapa el pueblo va a tomar una relativa neutralidad, y es más, hay sectores que van a incorporarse a los realistas. Diversos historiadores coinciden con esta idea: “Pero, según lo hemos constatado muchas veces, la masa no se siente solidaria con los agravios a las categorías, con las luchas por la disputa del poder” (Vilar, 1981: 209). Además encontramos un gran recelo de los criollos adinerados para incorporar al pueblo en lucha separatista, por el temor al desborde social que podía generar la movilización militar, algo que ya había pasado en México y Venezuela (Galeano, 1978: 42).

Con la restauración española de 1814 dirigido por Abascal y Osorio, se va ejecuta una represión generalizada contra la población civil, militarizando la sociedad. La implantación de mayores normas estrictas de carácter coactivo llevó a las nuevas autoridades españolas a realizar una serie de abusos contra la población local, ya sea de forma económica (aumento de tributos y obtención de beneficios) o de forma social (saqueos, detenciones, ejecuciones, etc.). El disgusto de las mayorías va a ser canalizado las ideas anti-hispanas que van a alimentar los sentimientos separatistas, algo que van a explotar perfectamente los dirigentes criollos del movimiento independiente.

El segundo momento de la participación popular viene a partir de 1816, siendo el movimiento separatista vuelve a la carga, destacando la táctica de guerra de guerrillas, donde rotos (chilenos pobres) y mestizos participaron en una guerra no convencional contra la autoridad español. La dirección de las guerrillas estaba dirigido por Manuel Rodríguez, el cual aprovechaba el apoyo de las comarcas campesinas, para ocultarse y evitar ser capturado (Vitale, 1989: 79). Debemos rescatar que la guerrilla fue un método eficaz, ya que los encuentros militares se daban de forma inesperada, y la derrota del enemigo causaba una baja en su moral. Cabe también resaltar que los miembros indios, mestizos y negros del ejército realista empiezan a desertar para pasarse al bando patriota.

Uno de los factores que va a ayudar a la independencia de Chile y motivar aun más la participación popular va hacer la llegada del ejército patriota argentino dirigido por San Martín. No solamente eran criollos argentinos y chilenos que conformaban el ejército, sino se registra que una buena parte de este, era compuesto por indígenas, principalmente mapuches, mestizos y negros. Las acciones conjuntas de las tropas patriotas, las guerrillas de rotos y sumándose a ellos, las montoneras indígenas mapuches, van a dar como resultado final la victoria definitiva sobre los realistas en Chacabuco y Maipú.

Es interesante ver como los criollos, dirigentes del proceso separatista, utilizan un discurso de igualitarismo étnico y social con el fin de atraerse a las masas pobres a las luchas de la independencia. Por ciertos momentos la cultura indígena empieza a ser revalorada, y ello se muestra en un discurso de Bernardo O´Higgins en 1819, en relación a la proclamación de la ciudadanía para los indígenas mapuches: “Los indios, que vivían sin participar de los beneficios de la sociedad y morían cubiertos de oprobio y miseria, para lo sucesivo deberán ser llamados ciudadanos chilenos y libres como los demás habitantes del Estado” (citado en CEPAL, 2003). Los nombres indígenas empezaron a resaltar con el fin de forjar una conciencia nacional formal y desarrollar un sentimiento anti-hispano, fenómeno que se mostró en los nombres de los barcos de guerra chilenos que se dirigieron en la expedición al Perú como los fueron “Lautaro”, “Araucano” y “Galvarino” (Roel, 1980: 163), motivando una mayor participación de mapuches y mestizos en las campañas de independencia.

La utilización de las formas indígenas a la larga iban quedar en pura formalidad, pues el nuevo grupo gobernante, la aristocracia criolla, inicio una guerra contra los mapuches con el fin de someter el sur chileno, una dura contienda que va durar a lo largo del siglo XIX. La historia oficial acabaría por resaltar el liderazgo de los jefes criollos y los defectos de los indígenas, considerándolos como una clase atrasada y “bárbara”; trayendo consigo una eliminación étnica y cultural que hasta hoy continúa en nuestros días.

La independencia trajo consigo el desplazamiento del poder español en Chile y el ascenso de la aristocracia criolla. Pero este grupo dirigido las guerras de independencia con el objetivo de beneficiarse del poder político y no emprender un verdadero proyecto de desarrollo nacional por diversos factores que ya en otra ocasión vamos a profundizar con mayor detenimiento, pero el atraso económico y la dependencia con el capital extranjero van a ser los fundamentos de base para la nueva república, y como diría Eduardo Galeano: “el despegue de los países latinoamericanos fue un vuelo de gallina, un vuelo corto y bajito” (Galeano, 1978: 387). Las clases populares, que pelearon de forma desinteresada en este proceso de conflictos, no lograron sus reivindicaciones económicas y sociales, continuando su situación postración y de marginación dentro de la sociedad de privilegiados y desdichados.

A pesar de los resultados, las clases populares han demostrado que su accionar puede determinar los principales acontecimientos políticos. Dentro de las clases populares en Chile encontramos al pueblo mapuche, sobre ellos se trata el siguiente capítulo.














CAPÍTULO V
LOS MAPUCHES Y LA INDEPENDENCIA DE CHILE

Uno de los episodios más interesantes de la historia de Chile, al igual de controvertido, es el desarrollo del pueblo mapuche, el principal pueblo indígena del país sureño que hasta el día subsiste bajo la política de marginación ejercida por el Estado chileno. A lo largo de su historia, el pueblo mapuche resistió a diversas naciones que han pretendido someterlo, empezando por el imperio inca y el Estado colonial español, dándose con este último una guerra de casi 100 años que finalizó con la firma del tratado de Chillín (1641) donde España reconoce la autonomía del pueblo mapuche a partir del sur del río Biobío, zona que va hacer conocida como la Araucanía, siendo, para algunos intelectuales, la primera nación que se desprende del yugo español (Marhikewun, 2000: 5-10). Para el historiador chileno Sergio Villalobos, a partir de 1656 se va a vivir un periodo de paz dentro de la Araucanía con ciertas explosiones sociales espontaneas, pero las hostilidades, esta vez emprendidas por el Estado republicano, se van a reiniciar en la década de 1830, tomando el pueblo mapuche – según Villalobos – una defensa militar agónica y asume una guerra que estaba destinado perderla, la cual concluyó en 1883 (Villalobos, 1983: 30). Otros estudiosos chilenos, como Luis Vitale y José Manuel Zavala, critican los planteamientos de Villalobos sobre el “periodo de paz” ya que los siglos XVII y XVIII significaron la continuación de la guerra entre occidente y los mapuches, ya sea a través de acciones militares y rebeliones generalizadas (Vitale, 1989: 95) o por medio de la expansión ideológica del Estado español a través de las campañas de evangelización y extirpación de idolatrías (Zavala, 2008: 123). Lo cierto fue que los mapuches habían logrado cierto grado de autonomía con respecto a otras naciones de las colonias hispanas, pero no una independencia total, ello implicó la resistencia indígena bajo nuevas formas, ya sea en rehusarse a colaborar con el Estado español, preservación de la cultura nativa o la realización de una guerra no convencional, expresada con hechos violentos empezando con la expropiación y confiscación de bienes a las gentes adineradas hasta estallidos de rebelión social, en confrontación abierta contra el Estado español y los grupos sociales que identificaban como explotadores (aristocracia criolla y mestizos colaboradores).

El siglo XVIII, conocido por varios historiadores como el siglo de las rebeliones, van a ser de suma importancia para el desarrollo del pueblo mapuche, pues se van a dar fuertes rebeliones en toda la región de la Araucanía contra el dominio hispano. Las asonadas de 1723, 1766 y 1769 van a demostrar que el conflicto hispano – mapuche seguía latente y que el avance indígena podía significar un peligro para los privilegios de los españoles y criollos ricos de la región. Los líderes indígenas más destacados del siglo XVIII fueron Pelantaru, Rapiman, Vilumilla y Curiñanmcu, este último se destacó en la rebelión de 1766 y que desarrollo una guerra de guerrillas contra los españoles y sus aliados. El Estado hispano, con serías dificultades, logra sofocar las rebeliones pero con el costo de ratificar la autonomía de los territorios mapuches con el establecimiento de los parlamentos, instituciones híbridas donde cogobernaban españoles y araucanos en ciertas regiones del territorio mapuche.

En 1796 se entra una nueva etapa donde los españoles y mapuches entran en acuerdos y cesar las hostilidades, expresándose ello con la creación del parlamento de Negrete, donde se pacta el libre comercio entre mapuches e hispanos. La primera década del siglo XIX los mapuches van a vivir el momento de mayor autonomía que habían vivido a lo largo del coloniaje, pero ello se interrumpir con el estallido de las guerras de independencia en 1810. En un primer momento, al igual que las masas pobres de Chile, los mapuches desconfiaban tanto de los españoles como de los criollos separatistas, ello decidieron mantenerse al margen de “la guerra entre invasores”. Pero un sector de los patriotas, a sabiendas de la combatividad del pueblo mapuche, deciden entrar en conversaciones con los indígenas, formando un parlamento en 1811 y pactando un reconocimiento de los derechos mapuches sobre las tierras de la Araucanía, algo que nunca llegó, más aun, el sector más conservador de los criollos empezó a criticar la decisión con el fin de evitar “acercamiento” con los indígenas. Al conocer los conflictos, los españoles invitan a los jefes mapuches a un parlamento (1813) donde se acuerda la posterior independencia del territorio mapuche, disolviendo de esta forma su primera alianza con los criollos (Marhikewun, 2000: 12 – 13). Con la restauración española, los mapuches vieron incumplidas las promesas y se lanzaron a declarar una guerra generalizada contra los españoles, y para ello van a converger con los separatistas.

Fue así como los mapuches colaboraron en el proceso de independencia, ofreciendo los recursos para las campañas militares. Uno de los casos más conocidos de colaboración fue el de Huentekura, prestigioso lonko mapuche, que fue el principal guía de San Martín y del ejército patriota por el paso de Los Patos y Uspallata (zonas de difícil acceso y de geografía accidentada) en el famoso cruce de los andes (CEPAL, 2003: 97). Además hay que recalcar la fuerte presencia de soldados mapuches en los regimientos patriotas, tanto en las batallas de Chacabuco y Maipú, contando, por supuesto, con las acciones guerrilleras que van a hostilizar constantemente al enemigo español.

 Sellada la separación política de Chile con España (septiembre de 1818) la situación económica social no tuvo grandes variaciones, excepto con la formalidad de otorgar la ciudadanía chilena a los indígenas mapuches y la eliminación de tributo en 1819. Las relaciones entre la aristocracia criolla, ahora gobernante, con el pueblo mapuche se tornarían violentas a partir de la década de 1830, generándose el último episodio de las confrontaciones militares por la posesión de la Araucanía, donde los ejércitos nacionales van a aniquilar sistemáticamente al pueblo mapuche en el transcurso de 50 años, y hasta nuestros días se continua con esta confrontación ya en otros planos.

Los mapuches, que contribuyeron a la construcción de la república, fueron y están siendo aniquilados por aquellos que fueron sus aliados. Esa misma república que ayudaron a construir, los está exterminando sistemáticamente. De ahí la necesidad de reivindicar al pueblo mapuche como actor fundamental dentro de la historia de Chile, no como un elemento exótico o “extraño” que muchos intelectuales miran con desprecio. La reconstrucción de la historia de los verdaderos y principales protagonistas de los procesos políticos de nuestros países debe ser la tarea de los historiadores hoy en día.




















CONCLUSIÓN

La independencia de Chile viene a convertirse en el hecho histórico que significó el salto político militar dado por los patriotas en su lucha contra el colonialismo hispano ejercido desde Lima. Vital fue la importancia de Chile para los patriotas, que obtuvieron una ventaja táctica sobre los españoles y aunaron más elementos al proyecto separatista. Pero ¿hubiera sido posible esa independencia sin la participación popular? Es más ¿qué hubiera sido de los procesos de independencia sin la acción directa de las capas populares? Los hechos de la junta de gobierno chilena de 1810 y su posterior derrota demuestran claramente el papel fundamental que debía de cumplir los sectores bajos no solo en este proceso, sino también, en el desarrollo histórico de toda sociedad.

Estos actores marginales y anónimos (el negro, el mestizo, el mapuche, etc.) fueron los verdaderos forjadores de la independencia. ¿Por qué la independencia no cumplió sus objetivos de forjar una verdadera soberanía? Ese fue el problema de los sectores que dirigieron estos procesos, es decir, los criollos adinerados, que tuvieron miedo al movimiento social, y para construir los estados tuvieron que recurrir al financiamiento inglés, que hizo convertir a toda América Latina en dependencia económica del capitalismo europeo. Por el motivo del bicentenario, proponemos cambiar las visiones sobre la historia política y militar, donde unos cuantos generales y aristócratas se ganan todos los laureles, mientras que las masas (que pelearon más decididos que los primeros) nunca fueron homenajeadas. Proponemos resaltar, reivindicar el papel del pueblo como creador de nuestra historia, tanto del país, de América Latina, como la de la humanidad.


















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2008     Los mapuches del siglo XVIII. Santiago de Chile: Universidad Bolivariana. 

2 comentarios:

  1. hola quisiera saber datos del autor porque elegi el texto para un trabajao que debo hacer para mi carrera gracias

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  2. El autor es Julio Lara Romero, bachiller en historia de la UNMSM, Lima.

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